Alquimia El enigmático ‘Mutus Liber’ Vasilius 2ª Parte

Alquimia El enigmático ‘Mutus Liber’ Vasilius 2ª Parte

Decíamos en nuestro artículo precedente que la lámina que sirve de portada al Mutus Liber era una oda al rocío matutino de Primavera. Nuestros siguientes comentarios, restringidos sólo a otras tres láminas de este extraordinario libro, trataran sobre los trabajos que los alquimistas realizan sobre esta materia. Esta labor o conjunto de procesos recibe de la Tradición alquímica el nombre de Vía Universal.
Dijimos también que las láminas del Mutus Liber estaban desordenadas. Toca entonces poner el orden correcto a las mismas, así, tras la primera que ya comentamos, le siguen la 4ª, 5ª y 6ª láminas.

IV LÁMINA. RECOGIDA DEL ROCÍO.

La imagen es muy clara. La pareja de alquimistas recoge, estrujando un lienzo, el rocío de la madrugada. El procedimiento fue simple. Como bien muestra el dibujo, unas horas antes se dispusieron en el campo, lejos de la ciudad y a escasa altura del suelo, cinco lienzos sobre estacas, con el fin de que se humedecieran, se impregnaran del licor celeste.

Aries, Tauro. La primavera

El cordero y el toro designan la época propicia para realizar esta recogida, se trata de la primavera.

Ambos animales se corresponden con el Aries y el Tauro zodiacales. ‘Es en los meses de marzo a mayo cuando el sabio alquímico debe salir al encuentro de la materia y cogerla en el instante en que desciende del cielo y del fluido aéreo, nos dice la obra titulada “Explicación muy curiosa de los enigmas y las figuras jeroglíficas y físicas que están en el gran portal de la iglesia catedral y metropolitana de Nôtre Dame de París”1.

El triángulo. El espíritu Universal

Obsérvese el triángulo que muestra la parte superior de la imagen. Se inicia desde un punto en el cielo y se abre en forma de abanico. El interior del triángulo aparece con puntos y con líneas en forma de rayos.

Los puntos hacen referencia al rocío, que cae a la tierra en forma de gotas y los rayos a lo que los antiguos llamaban espíritu universal, spiritus mundi, alma del mundo y otra buena serie de nombres.

Los antiguos filósofos alquimistas afirmaban que existe una energía imponderable, un influjo cósmico emanado desde un centro del Universo por el Gran Motor Universal o Gran Inteligencia, influjo que impregna al Universo entero y es recogido por la luz del Sol, de la Luna, de les estrellas. Esta energía fue llamada pnêuma por los estoicos griegos, prana en la filosofía oriental o fuego, spiritus mundi, alma del mundo por los alquimistas. Esta radiación cósmica o fuego universal, nos dicen, es atrapada en el interior de las sales sutiles de una humedad o aire que los antiguos alquimistas llamaban rocío.
El triángulo con el vértice hacia arriba fue entre los alquimistas tanto el símbolo del elemento fuego como el de su fuego secreto. Este último, que es imprescindible para la realización de la obra filosofal fue fuertemente velado a los ojos del profano.

Flos coeli

En la Tradición alquímica el rocío fue llamado también flos coeli, flor celeste, el mismo nombre que se daba a este espíritu universal, al maná, a la fuerza fuente de toda fuerza que reza en la Tabla esmeralda, el texto más querido por los alquimistas. Diremos que el rocío, por su sutileza y por estar impregnado de virtudes terrestres y celestes, es uno de los vehículos que transportan al espíritu universal. En palabras de Eugène Canseliet: “Es la flos coeli, su magnesia que absorbe el espíritu universal, como el imán atrae al hierro…”.

El Sol y la Luna

Por un lado, el Sol y la Luna nos dicen la hora de recogida, ha de ser en la madrugada. El dibujo muestra la conjunción entre el Sol y la Luna. Con los primeros rayos de Sol el alquimista debe abandonar el trabajo y cerrar herméticamente el recipiente que contenga el precioso contenido. El rocío es volátil, pero aún lo es más el tesoro que contiene en su interior, el espíritu universal. Por otro lado, también las radiaciones lunares y solares son necesarias en la vía universal.

Las nubes

Las nubes están apartadas. El haz triangular las separa. El rocío no cae si el cielo no está despejado. Si las estrellas no asoman en el firmamento será vano el intento del alquimista. No recogerá nada. Lo decimos por experiencia propia. Es necesario un cielo despejado, sin viento, en la época propicia… y aún así, quizás tampoco haya suerte.

1 De Esprit Gobineau de Montluisant. 1.640
2 ‘El Triunfo hermético o la piedra filosofal victoriosa’ editado en 1.699 recoge un tratado que lleva por título ‘la antigua guerra de los caballeros’, cuya primera edición es de 1604, aquí aparece nuestro Vulcano lunático.

Artículo realizado por Vasilius