Clemis y su naturaleza

Clemis y su naturaleza

Como cualquier día en su ensoñada y fabulosa vida, Clemis se despertaba, al escuchar la llamada de su madre.

-Clemis, cariño levántate¡¡. ¿Cómo puede ser tan dormilona?

-Estaba soñando mamá, como siempre. Contestó ella sin poder abrir los ojos aún.

Hoy se te cumplirá uno de los infinitos sueños que tienes.

-¿Dónde vamos mamá, donde vamos?, repetía sin parar.

Es una sorpresa llena de colores y grande, ¿Podrás adivinarla?

-Sí, el parque de bolas.

-Frio, frio- respondió la madre.

 Así, hasta llegar al lugar, podía estar Clemis dando respuestas, probando a acertar. Aquel juego le encantaba. Podía fantasear, elevar su imaginación, verse en un sitio y en otro, recorrer mundos…la descubriera o no, daba igual, lo importante era la sensación y emoción que todo aquello le producía.

Como era fin de semana, dispondría de sus ropas preferidas. Hoy se vestiría de uno de sus personajes imaginarios, de tortuga voladora. Mezclando disfraces, el caparazón de la tortuga, las alas del disfraz de hada con los zapatos de un traje de reptil y en la cabeza, su felpa con antenas para  ver y escuchar mejor.

                -Ya estoy lista¡¡- gritó, saltando de alegría escalera abajo.

Hacia su aparición, en medio del salón la Flying Turtle.

                Estamos listos entonces, pues nos vamos- dijo su padre.

Así partieron de casa, papá, mamá y la tortuga, porque durante todo el día, habría que llamarla de esta manera.  Era un precioso día y caminaban  jugando, para adivinar dónde iban. Clemis tropezaba en un sitio, se caía en otro. Vivía en su mundo imaginario.

Una vez doblaron la esquina, Clemis, se dió cuenta. Hemos venido al mejor sitio del mundo mundial¡¡-decía.

Muchas veces había andado el camino, pero para ella la travesía no existía, ya que andaba ausente. El majestuoso y tupido bosque  estaba frente a ella. Aquel era un lugar silencioso, lleno de paz y armonía. Había un lago con peces, patos y las aves adornaban el cielo con sus piruetas, los  ciervos oteaban las llanuras  desde las escarpadas montañas, se respiraba vida y libertad. Y ahora, con la llegada de la primavera, los colores de las primeras flores  se tornaban  brillantes.

                Aunque para Clemis  era más que un bosque;  desde pequeña había visitado aquel lugar y allí, su presencia era de tal magnitud, que se abría una brecha en el tiempo y accedía a conectarse con la esencia pura de los moradores del bosque…veía el aura de los árboles, plantas y flores, se entendía con ellos a través de silbidos que le salían de su corazón… todo esto sin que sus padres notaran su ausencia, el tiempo se paraba fuera de ese universo. En ese mundo, de sutil delicadeza, había asistido a infinidad de fiestas, donde todos los habitantes del bosque celebraban el deshielo, la llegada de la primavera, la floración, la polinización de las plantas… Aunque esta vez algo diferente sucedía, el aura de  los hermanos  árboles, flores y plantas, era más opaca, no había el brillo de siempre, se notaba una gran densidad en ese mágico lugar.

                Hoy los moradores del bosque tenían una reunión. Clemis, sin querer participar, escuchaba atentamente.

                `Es increíble´- se dijo así misma-. `¿Discuten sobre el ruido que producen las Abejas?´,  algunas flores decían que ese zumbido de las abejas mientras recogían el polen las volvía locas, unos  árboles comentaban que no soportaban el peso de sus panales, otros árboles más jóvenes, decían que debido a la miel en los panales, los animales que venían a alimentarse de ella, dañaban sus cortezas y ramas.

                A Clemis, todo aquello le parecía una locura. Pero en silencio esperaba el desenlace. Nadie ponía orden, aunque debían tomar una decisión. La opción parecía  estar clara, las abejas serían avisadas de que debían abandonar el bosque. Ella no podía comprender, cómo en ese mundo tan fabuloso, que era como un sueño que  deseaba  para  la humanidad, podían estar tomando decisiones que parecían  humanas,” expulsar a un hermano¡¡¡” no puede ser cierto, se repetía.

                De vuelta con sus padres, lo sucedido  la mantenía ausente del presente. Divagaba por su mente,- ¿cómo puedo hablar con ellos? Tengo que hacerles comprender que si las abejas son expulsadas, las plantas no podrán ser polinizadas y con el tiempo el bosque disminuirá  y algunos animales que se alimentaban de la miel, podrían pasar hambre.-

 Sin fantasía, y  ausente,  pasaban los días. Ella no quería ver lo que sucedía en el bosque y durante dos meses no supo nada, aunque no podía dejar de fantasear con lo bonito que había sido compartir tantas cosas con esos seres, llenos de amor.

Se acercaba el verano, con más intensidad que otros años. De repente, vió  por la televisión a sus amigos del bosque.- Que alegría¡¡- le invadió la ilusión por dentro y toda su conciencia se despertó de nuevo. Lo que vino después le ayudaría a tomar la decisión.

 En las noticias hablaban  de la disminución en la floración de las plantas. Los científicos e investigadores se habían dado cuenta que la ausencia de abejas, podía ser el causante y buscaban la manera y el orígen de esta ausencia.

‘Lo sabía, tengo que actuar’ – se dijo así misma.` Vivir en el presente  implica enfrentar lo que sucede para facilitar la evolución’.

Subió a su cuarto,  se vistió y bajo gritando -` Vamos al bosque¡¡¡ vamos al bosque¡¡¡´-.             Su padre sorprendido por el alboroto, la miró con ternura. Comprendiendo  el amor que sentía su hija por el bosque desde chica, no hizo ninguna pregunta y caminando a paso ligero llegaron rápido.

                Una vez allí, Clemis penetró  en la brecha del tiempo, y llamando a todos los árboles, plantas y flores, los reunió  para hablar con ellos. Todos se alegraron de verla.

-¡Tenéis que hacer algo! ¡las abejas deben volver, hay que encontrarlas!-.

-¡Ahora no es momento de eso!- decían los reunidos.-Estamos muy tranquilos sin ese zumbido ensordecedor-.

-Sí, sí,  ahora es el momento, no os habéis dado cuenta  pero la floración de las plantas ha disminuido de forma clara, lo decían hoy en las noticias-.

-¿Cómo florecerán las plantas  si las abejas no están presentes  para polinizarlas? ¿Cómo os multiplicaréis  si ellas no están?. Os será muy difícil evolucionar y propagaros, ellas deben volver-.

De repente se dieron cuenta de que lo que decía Clemis, era cierto. No habían tenido en cuenta la gran labor  y lo importante que eran las abejas  para el bosque.

Ahora debían hacer volver a las abejas. Se pusieron todos juntos como si de una orquesta se tratara y a través del sonido de sus hojas imitaron el zumbido de las abejas. Éstas, entendiendo la llamada, acudieron como una nube inmensa. Después de hablar con ellas y reconocerle la importancia de su labor, las abejas muy contentas, aceptaron ayudar  poniéndose a trabajar en equipo y entre todos seguir creciendo juntos.

Clemis,  orgullosa de  lo sucedido, descubrió que podía acceder a información estando más presente y que luego la podría utilizar para resolver las circunstancias de la vida. -`Desde hoy estaré observando todo lo que me rodea y pondré máxima atención en lo que haga; y cuando descubra la solución para algún obstáculo, la aplicaré sin darle vueltas en mi cabeza.

Ernesto Postigo.

Profesor de la Escuela ATFE.