Alquimia La Piedra Filosofal III

Alquimia La Piedra Filosofal III

¿Cómo se efectúa una transmutación?
La regla general para la transmutación en oro es la siguiente: Se pone a fundir en un crisol una parte de metal innoble (plomo, cobre, hierro etc.). Una vez fundido, se introduce otra parte muy inferior de polvos de proyección, que previamente debieron ser envueltos en cera para compactarlos. Al cabo de algunos minutos, el metal fundido cambia de color, al dorado, signo de la transmutación en oro.

Transmutaciones especiales.

a) Elixir transmutatorio. Transmutación en frío

La historia alquímica también trata, aunque más escasamente, de transmutaciones no realizadas con los polvos de proyección, sino con la tintura o elixir y además en frío, sin necesidad alguna de calor.

Veamos una de las más destacadas:
‘Tomé un vidrio de reloj, y puse en él una pequeña cantidad de mercurio fluido del comercio, que había sido destilado, que era puro, y que acababa de comprar. Puse encima, no mi azufre transmutatorio al estado de polvo, sino al estado de aceite, en la proporción de una parte sobre cien, y removí mi vidrio de manera que diese al aceite un movimiento circular. Vimos con gozo al mercurio ofrecer un fenómeno bien curioso, y coagularse con el color del oro más bello; no tenía más que fundirlo en un crisol y verterlo; hice así la transmutación en frío.’ (Hermes desvelado. Cyliani, s. XIX).

b) Transmutaciones no metálicas

Además de la transmutación metálica, se le atribuyen a la piedra otras virtudes más extrañas, como la de volver maleable y dúctil el vidrio14, es decir, permite que el vidrio se reduzca a láminas u hojas (maleabilidad), o extenderlo en hilos (ductilidad), como si de oro y plata se tratase. No sólo transforma las piedras rudas en piedras preciosas, también perfecciona a estas últimas15: ‘…el rubí, el topacio, pueden ser obtenidos por ella, superando a los naturales en virtud, sustancia y color’. El cristal en rubí: ‘Haced fundir el cristal en la manera antedicha, echando el polvo dentro: cambiará en rubí’.16

Un texto muy curioso, del siglo XVIII, que lleva por título ‘La clave de la Gran Obra’ de Sancelrien de Tourangeau, aporta un buen número de otras curiosidades. Extraigo algunas: El cristal puede también transmutarse en diamante: ‘…el cristal, al que la medicina reduce a un diamante, tan brillante, tan pesado y tan fijo, que es más diamante que el propio diamante’. El agua en cristal: ‘tres granos vertidos sobre un vaso de agua de fuente, la tornan instantáneamente dura y transparente, como si fuera verdadero cristal’. Crea perlas y hace gelatina de ellas: ‘Si se quieren hacer perlas se toman sus simientes y se las disuelve en nuestra medicina que, a fuego suave, las reducirá fácilmente como si fuera una gelatina espesa, esta gelatina se puede amasar con las manos y se le puede dar la figura y grosor que se desee’. Tiñe o colorea el vidrio: ‘tiñe interiormente al vidrio con todo tipo de colores, como en las vidrieras de la Sainte Chapelle de París’. Endurece el vidrio: ‘…se podría golpear y batir este vidrio sobre el yunque, como todos los metales… vidrio con el que se podrían levantar casas que casi nunca caerían’.

Que transparenta sólo en una parte: ‘y a través de los cuales se podría ver todo lo que pasa fuera sin que se pudiera ver lo que pasa dentro’. Hace incombustible el tejido: ‘Si se le sumerge un  lienzo o cualquier otra materia combustible, el fuego no lo podrá consumir ni atacar’. Aumenta la duración de las lámparas y velas: ‘si se mezcla con el aceite ordinario de las lámparas, o si se le añade a la cera de las velas, éstas arderán continuamente…’. Permite la construcción de espejos ardientes: ‘este espejo puede multiplicar hasta tal punto los rayos del Sol que desde muy lejos puede abrasar y destruir pueblos enteros’. Finalmente, algo todavía más increíble: permite ver el espíritu o alma de las plantas mediante el arte que llamaron Palingenesia17,o hasta de crear un pequeño ser vivo, como el famoso homúnculo18 de Paracelso.

En forma de luz o lámpara perpetua:
Para conseguir una lámpara perpetua, sería necesario llevar a la piedra filosofal desde su estado sólido al líquido, proceso que afirman es peligroso y que sólo debe ser intentado por un Maestro Sabio y de habilidad consumada. Una serie de operaciones reiteradas produce este cambio de estado en la piedra. Estas operaciones son llamadas ‘multiplicaciones’ y pretenden acrecentar la potencia transmutatoria de la Piedra. Multiplicar la piedra más allá del estado líquido podría producir su abandono de nuestro plano físico. Fulcanelli, además de aconsejar que sería imprudente ir más allá de la séptima reiteración o fermentación, definió muy bien el origen y funciones de estas lámparas perpetuas, así que utilizaremos sus palabras:

‘Cuando la medicina universal en forma salina, es multiplicada en virtud, cambia de forma y permanece fluida como el mercurio y en la oscuridad brilla con un resplandor suave, rojo y fosforescente, cuyo destello es más débil que el de una lámpara común. Se convierte entonces en una lámpara perpetua’.

Las lámparas perennes, inextinguibles, perpetuas, ardientes…, son una de las realizaciones más sorprendentes de la ciencia hermética. Están hechas de elixir líquido llevado al estado de radiación y mantenido en el interior del matraz en un vacío lo más perfecto posible. En su Dictionnaire des Arts et des Sciences, París, 1731, Thomas de Corneille dice que en 1401 ‘un campesino desenterró cerca del Tíber, cerca de Roma, una lámpara de Palas que habría ardido por más de dos mil años, según podía verse en una inscripción, sin que nada hubiera podido extinguirla.

La llama se extinguió en cuanto se hizo un pequeño orificio en la tierra’. Así mismo, bajo el pontificado de Pablo III (1534-1549), se descubrió en la Tu mba de Tulia, hija de Cicerón, una lámpara perpetua que aún ardía proporcionando una luz intensa, a pesar de que la tumba no había sido abierta desde hacía mil quinientos cincuenta años. Cyrano de Bergerac mostró su interés por ellas. Nos dice que ‘se colgaban en las sepulturas pomposas de las personas ilustres. Nuestros contemporáneos han encontrado alguna de ellas al excavar algunas famosas tumbas, pero su ignorante curiosidad las ha estropeado, al esperar encontrar tras sus membranas rotas el fuego que veían relucir’.19 Finalmente, también mostró una gran inquietud por ellas nuestro ilustre padre benedictino Fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), dedicando a estas lámparas un amplio Discurso20, donde trata de la posibilidad o no de su existencia en base a los conocimientos de su época.

Ante la posibilidad de tantas maravillas, es fácil comprender el sentimiento de muchos alquimistas, que encerrados en el fondo de sus gabinetes, disfrutan del estudio de la Naturaleza y de la sublime Alquimia.

13 Transmutación.
14 En el Clangor Buccinae o el fragor dela trompeta. Antiguo texto anónimo, posiblemente del s. XVI.
15 En el Jardín de las riquezas de Georges Aurach, texto del s. XV.
16 Ibid.
17 Palingenesia. De las palabras griegas palin, nuevo y génesis, nacimiento, es decir, renacimiento.
18 Homúnculo. Del latín homunculus, hombrecillo.
19 En su ‘Historia cómica de los Estados y de los Imperios del Sol’.
20 Teatro Crítico Universal. Tomo IV.

Artículo realizado por Vasilius



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