AUREA CATENA: EL LINAJE ALQUÍMICO. Primera parte

AUREA CATENA: EL LINAJE ALQUÍMICO. Primera parte

La historia de la alquimia, tal como su sustancia, se encuentra difuminada entre los velos mistéricos del máximo conocimiento, sólo asequible a los más nobles; tomemos en cuenta que en un inicio el conocimiento no se diferenciaba de la religión, y es a través del inicio de la astrología que el hombre, al voltear los ojos al cielo,  comienza a intuir que hay un influjo sutil que relaciona lo que está sucediendo arriba, con lo que está sucediendo abajo, es decir, en su entorno; de esta observación, surge en él un intento de controlar o comprender estos influjos, en busca de algo más grande, que le supera y a lo que está sometido, mediante tres vertientes: una que busca la conexión con lo trascendente, que es la espiritualidad; otra que busca cuantificar el conocimiento para prever acontecimientos relacionados con la vida cotidiana, como los cambios estacionales y por último, una tercera que es el intento de manejar los influjos sutiles a través de rituales, que más tarde, se convierten en religión, a la que nos atrevemos a calificar como una espiritualidad tóxica, pues al ser conocidos estos procesos sólo por una élite con poder se “esclaviza” el espíritu de los hombres.

La alquimia es un conocimiento elástico, que va trasladándose en el espacio y el tiempo, y al encontrar un lugar de cultivo propio para florecer lo hace, como aquel en el que no se imponen fundamentalismos y se propicia la libertad del espíritu; y en la medida que migra hacia lugares menos propicios, se retrotrae a su veta esotérica para volver a manifestarse cuando las condiciones cambien. En ambos espacios, el “aurea catena” del conocimiento alquímico sigue nutriéndose y nutriendo la sociedad en la que se encuentra.

Hay muchas teorías sobre el origen de la alquimia, incluso al iniciar la más breve pesquisa, encontramos diferentes alquimias: la china, la hindú, la persa o la egipcia, que para el caso que nos ocupa, es la línea que intentaremos trazar, pues se trata de la que fue trasmitida por los alquimistas musulmanes de Al-Ándalus, quienes reconocen para su tradición un origen egipcio, a pesar de que las referencias principales sean griegas. Es una idea comúnmente aceptada que la trasmisión de la cultura greco latina a Europa se realizó por medio del Al-Ándalus, pero no de manera literal, sino a través de un proceso de crisol cultural multireferencial, y su posterior regurgitamiento.

Si queremos establecer la ubicación temporal del surgimiento del conocimiento en Egipto, tenemos que atender a lo que dice Demetrio Santos español todavía en activo que es un personaje muy poco conocido, profundo estudioso de textos clásicos de astrología e historia hermética, cuando establece que a la muerte de un paradigma, quedan vestigios dejando su conocimiento con muy pocas referencias escritas, retomadas por el paradigma que inicia, incluyendo el antiguo idioma como sagrado, lo que remite a la creación de mitos o personajes; aquello que en un paradigma que termina y era considerado científico o exotérico, para el nuevo se retoma como mitológico o mítico, asimismo, cambian los usos costumbres, pero el arquetipo permanece. Para Egipto esta figura mítica, descansa en Thot, posteriormente llamado Hermes por los griegos.

El mito de Hermes está referido en el “Kitab Al-uluf” (El libro de los Miles), escrito por Albumazar que establece que existió un primer Hermes anterior al Diluvio Universal quien previendo el cataclismo recopiló todo el conocimiento, y ordenó tallar en piedra toda técnica, herramienta, trabajo u oficio existente, para que subsistiera a la hecatombe; después del diluvio, el mito revive a través de dos interpretaciones arquetípicas: la babilónica y la egipcia. Como dato curioso, cabe señalar que Albumazar haciendo cálculos astrológicos, supone que el gran diluvio tuvo lugar aproximadamente 5.000 antes de Cristo.

Ahora, definamos un paradigma, que es el conjunto de leyes, instrumentos, valores morales y conceptos que comparte una comunidad humana en una determinada época. Un paradigma sería en definitiva una concepción del mundo.

Podemos imaginar, y nos acercaríamos bastante a la realidad, que cuando un ser se gesta en el vientre materno viene provisto de un “saco” en el que porta información útil proveída por sus antepasados genéticos. Una vez nacido, el saco sigue llenándose con la configuración del mundo que se le va transmitiendo en la sociedad y época en que vive, es decir: se le proporciona un paradigma del mundo.

A partir del primer conocimiento hermético surgen dos paradigmas que se disputaban la hegemonía, el paradigma persa, también llamado medo y previamente recogido por los sumerios, acadios y babilonios, y el egipcio o kémico, que permanece en el mismo lugar por miles de años a pesar de las invasiones que sufrieron. Este es un tema de suma importancia en nuestro planteamiento, ya que a pesar de que ambos paradigmas parten del mismo objetivo que es sanar, se van desarrollando como sociedades de manera diametralmente opuesta: los primeros desarrollan una filosofía dualista por el continuo enfrentamiento en el que la vida se aprecia como una eterna lucha sin tiempo u oportunidad para interiorizar o profundizar; en cambio el paradigma egipcio fue floreciendo en un sólo lugar contenido y acotado, que además absorbía culturalmente a los pueblos que le invadían, de manera que este factor de permanencia les permitió buscar una manera de sanar desde un lugar profundo y trascendente.

Los medos eran un pueblo conquistador y expansivo, siempre preocupado por ampliar sus territorios y mantener sus fronteras, elaboraron formas de curar a través de técnicas rápidas, sintomáticas, de poner parches para recuperar cuanto antes al guerrero; estas ciencias se denominaron ciencias médicas.

Los egipcios eran una civilización muy antigua y como hemos comentado, cerrada en sí misma. No tenían gran interés en conquistar el mundo, sólo miraban su propio ombligo, ellos eran el mundo, los demás eran todos unos bárbaros, sus conquistas se daban en términos de intereses económicos diferenciando claramente lo que eran sus colonias. Con su ciencia hacían lo mismo, no tenían ningún interés en exportarla, la guardaban celosamente dándole un tinte esotérico, enseñándola sólo de forma iniciática, lo que hacía de los sacerdotes egipcios una casta exclusiva de gran prestigio.

Las diferencias entre los dos paradigmas se constataban también en otros ámbitos como las matemáticas, los medos las desarrollaron de forma puramente aritmética, en cambio, los egipcios se atrevían a jugar con los conceptos del cero y el infinito, es decir, con conceptos fuera de lo concreto en el aspecto más hasta abstracto de las matemáticas (de ahí derivaría más tarde la escuela Pitagórica).

En su método, el paradigma medo tiende al análisis y el egipcio a la síntesis, el analítico separa, disecciona y desmenuza para observar al mundo, el que sintetiza une, fusiona y relaciona para incluirse en el mundo. En la siguiente frase se refleja esto: “Cuando un hombre sufre, el Universo entero se distorsiona”, en esta visión unicista, todo parte del Uno que va subdividiéndose en múltiples realidades a través de las diversas modulaciones o manifestaciones de una misma cosa (materia prima) para posteriormente regresar a su origen: la Unidad, de ahí deriva toda una serie de conceptos científicos, místicos y filosóficos que conforman lo que hoy en día conocemos como Corpus Hermético. Dentro del concepto de Unidad, cada una de las partes, por pertenecer al sistema es afectada por fenómenos que a éste acontecen, y la inversa; y no se puede tratar a una persona en términos de restituirla a la salud, sin observar sus relaciones con el entorno (emociones) y con el cosmos (espiritualidad).

Hoy en día se considera al trabajo alquímico como la posibilidad de transformar el plomo en oro, pero antiguamente la alquimia era un conjunto de ideas filosóficas y científicas sobre cómo funciona el universo, y estas reglas se aplicaban en el ámbito reflexivo y en asuntos eminentemente prácticos como la agronomía, la medicina y la preparación de remedios. Importantes alquimistas fueron considerados también como grandes médicos por la historia y de sus trabajos de laboratorio, en busca de la piedra filosofal iban surgiendo resultados, como el caso de Al-Razi, que después utilizaba estos resultados como eficaces remedios para las enfermedades, cuyo uso se perpetuó durante siglos. La Kemicina o medicina espagírica se fundamenta pues, en las estrictas leyes herméticas originadas en el paradigma egipcio y son estas leyes las que diferencian sus principios de los conceptos médicos y farmacológicos al uso.

Para seguir la línea de trasmisión de lo que denominamos Kemicina, Alquimia o conocimiento hermético, hemos de recordar que no hay una línea sucesoria lineal, continua y separada del entorno o de otras ciencias o paradigmas, sino que estas se mezclan, se funden y se confunden, dándose el caso de que autores como Avicena (o Ibn-Cina, considerado el padre de la medicina moderna) en unos aspectos sea platonista y en otros aristotelista, y en el aspecto práctico de la medicina, en unas ocasiones se decante por el opositorum (curar con lo contrario) y en otros, como en el tratamiento de temperamentos, se defina claramente por la curación por lo similar. Para resumir de una forma simplista la principal diferencia entre Platón y Aristóteles, es que Platón es más metafísico que Aristóteles, cree que hay dos mundos, el sensible y el inteligible, de los cuales el mundo sensible (material) es consecuencia del de las ideas o inteligible Por otro lado, Aristóteles defiende que sólo hay una realidad la material aunque reconoce que es la esencia lo que define al ser, con lo que concluimos que Platón sigue una línea más espiritual, y Aristóteles un más material  o científica.

Si recordamos el ritmo que sigue la historia de la alquimia, su “aurea catena”, las tendencias filosófico – neoplatónicas – pitagóricas – espiritualistas son las que prevalecen en las épocas de heterodoxia que favorecen su florecimiento, y los momentos de movimientos ortodoxos y el materialismo, de tintes aristotélicos promueven su repliegue, cuando no, su persecución.

DEL ORIGEN DE LA ALQUIMIA.

Hemos dicho que el primer paso que da el pensamiento hermético desde Egipto hacia Europa es hacia Grecia, a partir del siglo VII antes de Cristo, momento cumbre del  florecimiento filosófico helénico. Dada la naturaleza de esta sociedad, comerciante y navegante, confluyen en su capital, Atenas, diferentes corrientes de pensamiento, entre ellas obviamente el pensamiento egipcio, de donde identifican a Thot (arquetipo de la alquimia) con Hermes; de esta fusión es de donde surge el hermetismo tal y como hoy lo concebimos.

Los griegos como amantes de la filosofía tienen una enorme apertura a todo tipo de conocimiento, por lo que crean importantes escuelas pertenecientes a los dos paradigmas: la escuela médica de Epidauro y la escuela kémica Asclepios, ambos personajes míticos, ya que no se encuentra comprobada su existencia, sin embargo, el segundo es citado en múltiples obras alquímicas como el los Diálogos de Asclepios.

Debido a este ambiente tolerante y receptivo, surgen también las escuelas iniciáticas, es decir, a las que sólo pueden ingresar aquellos dispuestos a conocer la Verdad; según Herodoto, importante historiador griego,los máximos pensadores de la Grecia antigua fueron a buscar el conocimiento directamente de los sabios egipcios. Muchos de ellos fueron iniciados en los misterios asegurando de esta manera la transmisión de su sabiduría al mundo helénico. El primero de los siete sabios, es Tales de Mileto (624-548) quien frecuenta a los sacerdotes, Plutarco declara que Tales fue quien introdujo en Grecia la geometría egipcia, y con Solón (a. 640-558), mide las pirámides. Este último, es quien habló de los relatos acerca de la Atlántida, asunto que más tarde Platón retomaría en sus obras “Timeo” y “Critias”. Tales exhorta a Pitágoras a que se dirija a Egipto.

Según Jámblico (250-325 d.C.), Pitágoras estudió en los templos egipcios durante veinticinco años. Después de su partida, se instaló en Crotona, Italia, para fundar una escuela en la que enseñaba siguiendo el estilo de las escuelas de Misterios de Egipto.

Diodoro de Sicilia indica que Orfeo viajó al país de la tierra negra siendo iniciado en los Misterios de Osiris, de vuelta a su país, instituyó nuevos ritos, los Misterios Órficos (hacia el siglo VI a.C.).

El filósofo griego Demócrito de Abdera (a. 460-370), descubridor del átomo, fue también iniciado en los templos egipcios y educado por los geómetras del faraón.

Empédocles (484-424 a.C) es una figura de gran importancia para el pensamiento kémico, pues es quien inicia la teoría de los cuatro elementos como componentes básicos de todo lo manifestado en el universo, tema que desarrollaremos en un capítulo posterior.

Regresemos ligeramente en el tiempo, para resaltar la historia de un personaje fundamental para la alquimia, hacia el año 356 a.c. en Macedonia, al norte de Grecia, nace Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno. La leyenda cuenta que su padre, Filipo II, que provenía de un linaje solar acudió a la isla de Samotracia, sede de los Misterios de los Cabirios, adoradores de Hefestos y Dionisios, y ahí conoció a Polixena, hija del difunto monarca Neptolemo I de Epiro, quien también veneraba al Zeus-Amón, deidad del Sol, tras su encuentro, se unieron en matrimonio, procreando así a un descendiente más de el linaje de iniciados de la tradición hermética. Sean o no ciertos los detalles de esta historia, convienen al relato, pues más tarde, al ostentar el trono de su padre, Alejandro expande el impero de manera colosal, y tomando en cuenta que su educación había sido encargada a Aristóteles, entendemos que uno de los temas que más respetaba, preservaba y acogía en cada lugar conquistado era el conocimiento, en 332 ac. funda la ciudad de Alejandría en Egipto, dónde se forma un crisol cultural que, siguiendo los criterios de su fundador, Alejandro, estimuló el contacto y la comunicación de diversas tradiciones y paradigmas en búsqueda del la sabiduría. Durante muchos siglos esta cosmopolita ciudad fue un foco universal de conocimiento al que acudían sabios y eruditos de todo el mundo en busca de ampliar y compartir su saber y filosofía, sobre todo a consultar su famosa biblioteca del museion o museo, un templo dedicado a las musas las inspiradoras de los artistas y los filósofos; este templo era un centro para la investigación y la difusión de las ciencias superiores con instalaciones hasta para 5,000 alumnos, disponía de salas de todo tipo, la propia biblioteca e incluso un laboratorio. El afán de búsqueda de conocimiento les llevo a incluir libros de todas partes del mundo de cualquier cultura y en cualquier idioma, cuando en la aduana del puerto aparecía un manuscrito, se confiscaba, se llevaba a la biblioteca, se traducía y después era repuesto a sus dueños. La biblioteca creció tanto que se convirtió en la parte principal del museo, más de 100 poetas y filósofos se dedicaron a su conservación y llegó a disponer de más de 900,000 manuscritos. Se hizo tan grande que tuvieron que hacer un anexo en el Serapeo templo dedicado a Serapis a lo que se denominó la biblioteca hija.

En este ambiente es que surgieron algunos de los filósofos y científicos como Arquímedes o Euclides, quien desarrolló allí su geometría; Hiparco de Nicea, Eratóstenes, Herófilo de Calcedonia, Apolonio de Pérgamo, gran matemático; Herón de Alejandría, autor de la obra “Autómata”, la primera obra que conocemos en el mundo sobre los robots, etc.

Más tarde, ya en el siglo II, allí mismo trabajaron y estudiaron Claudio Ptolomeo, uno de los astrónomos y geógrafos más reconocidos de la historia, Aristarco de Samos (astrónomo y matemático griego), Diofanto (matemático greco-egipcio), Eratóstenes (matemático y astrónomo).

Este ambiente multireferencial y heterodoxo, como hemos dicho antes, resulta propicio para el desarrollo de la alquimia, por lo que en el siglo III a se empieza a gestar en las paredes de este lugar, el corpus de la alquimia hermética, principalmente por la fusión de los conocimientos egipcios y la influencia de la filosofía griega.

Es también en Alejandría donde nace y se desarrolla el neoplatonismo, es decir, el resurgimiento de una visión que explora y valida el mundo espiritual, con filósofos tan importantes, como Filón el hebreo, Ammonio de Saccas, Plotino y Jamblico, entre otros, quienes influyeron profundamente en la alquimia y filosofía posteriores de Al Andalus.

Por otro lado, de la época anterior a Cristo conocemos nombres de alquimistas legendarios procedentes de Alejandría, como Bolos de Mendes (también conocido como Demócrito) a quien se le atribuye el principio de Unidad de la materia prima, y María la hebrea, que bien podrían ser escuelas o compiladores del conocimiento alquímico, del que solo tenemos referencias de autores posteriores como Zósimo de Panópolis, un recopilador del conocimiento alquímico, que destaca por la clara descripción de las técnicas y minuciosos dibujos de las herramientas que se empleaban. Durante los tres primeros siglos después de Cristo se desarrolla el llamado Corpus Herméticum, una serie de tratados filosóficos, metafísicos y alquímicos, que ha llegado recopilada hasta nuestros días.

El auge de la alquimia y las ciencias herméticas en siglo III fue tal, que en el año 292 el emperador Diocleciano ordenó quemar millares de libros relacionados con el tema, para evitar que alguien pusiera en peligro la estabilidad monetaria que a duras penas se había conseguido restaurar.

Este es el comienzo del declive, en la Alejandría del siglo IV los cristianos eran ya una parte importante de la población y las disputas entre las diversas sectas cristianas, y de estas con los judíos, propiciaron el inminente cambio de paradigma. Cirilo, un líder de los cristianos más ortodoxos veía  la filosofía, lo que el denomina paganismo, como un peligro para su religión, este personaje forma parte de una facción cristiana que en el concilio de Nicea proclamó la santa trinidad y la divinidad  de Jesucristo, dogma que contravenía completamente las tesis de otros cristianos como los arrianos y los priscilianistas, que veían ahí una contradicción con el concepto unicista de Dios, en el  que todo parte de Él y por lo tanto, lo creado no puede ser Dios, si no una parte de la unidad, tesis que les acerca más a los postulados neoplatónicos y alquímicos.

Toda esta crisis de paradigma se va a escenificar en la destrucción del Serapeo la biblioteca hija en 392, y el posterior asesinato de Hipatia (419) la última defensora del hermetismo a manos de los seguidores de Cirilo. Posteriormente se enfrentó al patriarca de Alejandría Nestorio, cercano a las influencias filosóficas platónicas y aristotélicas, este enfrentamiento se propició partiendo del postulado que Cirilo sostenía de que la virgen María era la madre de Dios, y Nestorio refutaba afirmando que sólo era madre de la parte humana de Dios, “puesto que Dios es el origen de todo, nadie puede ser la madre de Dios”. Cirilo derrota a Nestorio en el concilio de Éfeso y los nestorianos son declarados anatema por lo que son perseguidos y tienen que huir.

Así, es que se inicia así una época de ortodoxia y acoso en  torno a los hermetistas que termina con la expulsión de los filósofos del imperio romano mediante el edicto de Justiniano (533) y la academia de Platón, que funcionaba desde 362 a. C. pasó a estar bajo control estatal, consiguiendo así la extinción real de esta escuela de pensamiento.

Los filósofos, como los nestorianos, tuvieron que exiliarse al oriente y muchos se refugian en Harran donde son bien recibidos por los Sabeos.

                                                                                                                                                                                                                            Alvaro Remiro.



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