Forma y materia

Forma y materia

Extracto del libro de Luis Silva Mascuñana, en relación con lo femenino, la forma y materia. Incluiremos más extractos de este fantástico libro.

Luis Silva estará en la Escuela Andalusí para impartir un taller el  26-Julio-2016. “Alquimia, el concepto de lo femenino en la Gran Obra”.

Dice Hermes: el alma, oh Tat, es la propia sustancia o la propia esencia de Dios… Este alma es un Dios en los hombres.

                                                                                                                                                                 El Poimandres[1]

Materia es una palabra cuya raíz deriva de las latinas mater, madre y matrix, matriz. La materia es la madre o matriz. En términos alquímicos es el vaso, el recipiente, el continente. Pero ¿cuál debe ser entonces el contenido? Se trata del alma, espíritu o fuego encerrado en la profundidad de la materia. El alquimista no percibe una materia vacía. Esta necesita del concurso de una chispa divina individualizada que la anime: logoi spermatikoi,[2] la llamaban los estoicos. De hecho, alma en latín es anima, y el verbo animar implica actividad. Es el alma la que da la vida, la que anima al cuerpo o materia. Es el soplo divino que Dios insufló en la nariz de Adán.

Quizás los orígenes de este soplo divino se encuentren en la antigua ankh, cruz ansada o cruz egipcia, símbolo de la energía vital creadora o del soplo vital de Dios, es decir, del alma. En latín, la crux ansata, o llave de la vida simboliza también la inmortalidad.[3] Las imágenes inferiores, que solo son una muestra, son muy ilustrativas al respecto.

Son muy numerosas las representaciones en las que la cruz egipcia se dirige justo hacia la nariz, como si de ese soplo divino se tratase.

En muchas lápidas antiguas se puede leer: “Aquí yace el vaso de (nombre del fallecido)”. Es el vaso o cuerpo del fallecido el que yace bajo la tierra, pero no así su alma o conciencia, que vibrando en otra frecuencia mucho más elevada asciende a otro reino mucho más sutil.

Por definición, la materia es el sustrato receptivo de la forma, es decir, el receptáculo de la forma, lo opuesto al espíritu. Para Platón y Aristóteles la materia es puro receptáculo. La forma es el principio sustancial que da atributo al ser o a la materia determinando su naturaleza específica en este mundo. Aristóteles decía que el alma es y da la forma al cuerpo. Nos explicamos: la forma de la materia es su apariencia, y esta está determinada por su alma, por su logoi spermatikoi. La forma[4] o aspecto de un ser humano, de una planta, de un animal, es determinada por un principio determinante, su alma.

Los antiguos trabajaron el arte de la palingenesia,[5] que les permitía ver el alma de las plantas. Mediante unos procesos de quema del vegetal y de limpieza de sus cenizas para extraer su sal interna, y tras unos procesos mantenidos en secreto, al aplicar un suave calor al matraz cerrado que contenía esta sal y una parte del espíritu universal, se manifestaba el alma de la planta, como si de un holograma se tratase y con la forma que esta tenía cuando estaba en nuestro mundo físico. Algunos autores antiguos describen más o menos veladamente este proceso, entre ellos el padre Atanasius Kircher en su Mundus subterraneus (siglo XVII).

[1] La hostia que se consagra y comulga en la iglesia y que representa al cuerpo de Cristo también recibe el nombre de forma.

[2] Palingenesia, de las palabras griegas palin, nuevo y génesis, nacimiento, principio, es decir, retorno al génesis, al principio o renacimiento.

[1] Tratado primero del Corpus hermeticum.

[2] Logoi spermatikoi o el esperma del Logos.

[3] La llave de la vida es el alma, la que se considera inmortal.

[4] La hostia que se consagra y comulga en la iglesia y que representa al cuerpo de Cristo también recibe el nombre de forma.

[5] Palingenesia, de las palabras griegas palin, nuevo y génesis, nacimiento, principio, es decir, retorno al génesis, al principio o renacimiento.



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