II.1.- SENSACIONES EN EL CURSO DE LUIS JIMÉNEZ. MÍSTICA: LA VOZ DE LO FEMENINO

II.1.- SENSACIONES EN EL CURSO DE LUIS JIMÉNEZ. MÍSTICA: LA VOZ DE LO FEMENINO

II.1.- SENSACIONES EN EL CURSO DE LUIS JIMÉNEZ.
MÍSTICA: LA VOZ DE LO FEMENINO.

 

Luis nos condujo por el estado de la espiritualidad en este momento de la historia. Nos diría que la victoria de lo evidente sobre lo inmanente de la mano de la racionalidad mantiene el gcaos en el mundo, la separatividad competitiva y la agresividad gratuita. Frente a ello, que se evidencia en el tiempo, si queremos vivir desde el no tiempo, desde lo infinito y eterno, debemos dejar de esperar, de desear o de programar bajo los parámetros de lo conocido, pues todo ello nos conduce a concretar una realidad fruto de nuestra creencia más formal. El ser místico, que mora en la eternidad, nace de la deconstrucción del “Yo” a través de la disolución del tiempo, del yo como entidad separada, como personalidad que se define a sí misma en función de la interpretación de su experiencia, de sus valores, creencias y percepciones, todas ellas descifradas por su naturaleza temporal, con los moldes nacidos del mundo.
A tal fin, para emprender siquiera en sus albores el camino de la deconstrucción, trabajamos el Ruach, el verbo, la escucha, la contemplación, el movimiento corporal. Y llegó en ello algo muy intenso, que todo lo movió en una meditación guiada. Tres cosas diremos tras ella:
Poned la atención en vuestro corazón, sentid el corazón, hacedlo consciente. Está ahí y nos dice, nos muestra un camino de experiencia si somos conscientes de él y lo atendemos.
La segunda: observad a quien os mueva la energía pues trae para vosotros enseñanza. Cuanto más cerca, más luz.
La última: no buscar nada, no esperar nada, no querer nada. Si tengo un propósito, sea el que sea, ambiciono, y es entonces mi yo y su interés el que se mueve. No vamos a teorizarlo aquí con las palabras que nos dieron otros para que entendiéramos (lo lográramos o no), ni vamos a ocuparnos tampoco ahora de pensarlos (nuestros propósitos, decimos), los que tenemos o podamos tener. Si nos ocupáramos de ellos, incluso para lograr no tener ninguno, tendríamos una intención, la de disolverlos, y la ambición de nuevo estaría haciéndose en nosotros.
Diría uno de ambos sobre ello, o sea, cualquiera: “si afloran los propósitos los advertiré, porque me observó, me contempló. En el entretanto…estoy. Estoy junto a la Escuela, en el bar donde es fácil encontrarme siempre en Málaga, aunque no sé si mañana algo me traerá hasta aquí o me llevara ya a otro sitio. Tengo la mañana libre, al menos de momento. Tal vez lea, ni idea. Estoy, contemplo gente, detenido. Y dejo que se exprese a mi través lo que tenga que ser. Málaga está preciosa. Sin sus calles, sus tapas y sus bares no se entendería nada de lo dicho. Hay además alguna gente por aquí hacia la que una fuerza me lleva; es un placer saber que andan por aquí cerca”.



X